¿Los Jóvenes, el votante dormido?

Por Santiago Salerno* |


¿La culpa es del otro? ¿Quién cantó Retruco? ¿Hay profesionalismo detrás del debate de este debate? ¿Quién tiene responsabilidad? ¿Qué rol tienen los jóvenes? ¿Tienen parte de la culpa por las condiciones de la política actual? ¿Están satisfechos o quieren cambiar?


¿Es todo blanco o negro? Según la consultora Ipsos, los menores de 24 años son el 22% del padrón. Más de 6 millones de ellos, es decir un 46%, está de acuerdo con que la política partidaria hoy no los representa. De hecho, la misma encuesta afirma que votan partidos según sus micropolíticas o, como me gusta llamarlas, sus BANDERAS. En este caso, micro no es por pequeño, sino por invisible, en algunos casos, inevitables. Según las tendencias mundiales, su enemigo no es ni negro, ni blanco, ni si quiera gris: el enemigo es el otro. Todo lo que representa lo viejo, el status quo. Así como los jóvenes refunfuñan a la hora de explicarle cómo usar un smartphone a sus padres o abuelos, o como usan la palabra “muchaches”, el mensaje es claro: lo viejo no gusta y no debe dejar marcas. El problema es la política.


Ya en la polis griega se sabía que la política tocaba todas las arterias de lo público, ámbito ocupado más que nunca por los jóvenes. La política, ese monstruo grande y burocrático de edificios centenarios y hombre de traje y corbata, donde diversos personajes (algunos muy cuestionados) debaten temas de gran interés pero que no terminan sirviendo, porque la crisis está. En medio, las chicanas, las discusiones entre los partidos por quién domina la esfera pública; un escándalo porque tal le dijo idiota; otro escándalo porque el otro cobro dinero en negro. Escándalos que no se quedan en el noticiero de las 21 hs., escalan a Twitter, Facebook, etc., donde internautas politizados se enfrentan entre ellos, tomando así el lugar de encuentro. Público, sí, pero selecto de la juventud. Cada escándalo aleja un poco más a los jóvenes de una vida política, básicamente por su banalidad y su alter ego.


Dicho de otra manera: a la pregunta ¿los políticos viven dentro de un termo? la respuesta, según Ipsos, para casi 6 millones de jóvenes, es . Del total de los encuestados (adultos y jóvenes), el 37% dijo que le preocupa la pobreza. Pero para los jóvenes, este número asciende a 49%. Si a esto lo analizamos teniendo en cuenta que según la UCA el 50% de los menores de 18 años son pobres, lo que tenemos aquí es el caldo para la Revolución del Parque.


¿Pero qué pasa por la mente de estos jóvenes que están en Instagram y piden un futuro ecológico, igualitario, equitativo, etc? Esto es lo que a mi personalmente, hoy, me despierta más dudas. En el 2018, el Latinobarómetro realizó una encuesta a nivel Latinoamérica que revelaba que el 48% de los encuestados estaban de acuerdo con la democracia. Pero en Argentina hay un dato que alarma: desde 1995, el apoyo a la democracia pasó de un 76% a un 58%, es decir, un 18% menos de apoyo en 20 años. Según el informe, el 14% de los encuestados argentinos está a favor de un gobierno autoritario.


En el documento se cruzan dos variables (autoritarismo vs democracia por un lado y edad por otro lado). Ocurre lo siguiente:

Nos encontramos con una realidad inmensamente complicada. Hay una juventud cada vez más indiferente y menos democrática. Por suerte esta tendencia aún no es fuerte ni muy marcada, pero aquí entran las particularidades de la juventud. La pregunta es por qué la juventud levanta sus banderas en la clandestinidad de una red social y no en la calle o en el viejo recinto de la democracia, como un militante de sus causas.


El por qué y el cómo, son simples a primera vista, pero requieren un nivel superior de abstracción. Un “Centennial ” o un “Millenial”, hijos de la democracia, solo recuerdan una cosa: la crisis. Aquí entran otros factores como la ideología del seno materno, la historia y la familia, la educación primaria, secundaria y terciaria y, por supuesto, si tuvo atracción por alguna corriente política. La política es especialmente donde el joven puede aprender, con los sesgos típicos de la ideología del partido, sobre la historia below de line (debajo de la línea), es decir, los relatos, argumentos e historias de los mismísimos líderes del partido. El problema está en que, según la encuesta de Ipsos, solo un 4% de los jóvenes se sienten muy interesados por la militancia política y un 14% se sienten interesados por la política. El otro 86% de los jóvenes no simpatiza en nada con la política.

A su vez, como vemos en el gráfico, la disminución de la afiliación tuvo su pico en las crisis del 2001 y el 2007. La del 2021, viene recargada:

  1. Será la peor crisis mundial desde los años 30.

  2. Viene con aires a Green Recovery (reconversión verde), sobre todo desde la posible victoria del demócrata Joe Biden en EEUU y su incorporación al Pacto de París, junto a la promesa de la creación de un Consejo Mundial del Medio Ambiente.

  3. Hay elecciones Parlamentarias en la Argentina. Este punto es inmensamente importante para el futuro del país. Como dice el gran consultor Carlos Fara, en la revista 7miradas, “Hoy el oficialismo no tiene los dos tercios para poder nombrar nuevos jueces en el máximo tribunal. Le faltan 4, lo cual es mucho para un bloque opositor abroquelado “

La juventud es la audiencia inentendida de la política. Pero esto es culpa de la agotadora y mediática retórica política argentina y no de las historias. Los jóvenes quieren ver sus banderas bien levantadas aunque vaya en contra de lo que se les enseñó, del statu quo de su seno materno. Para enervar el espíritu hacen falta buenas historias.


Un dato alarmante de la juventud fue lanzado hace relativamente poco por el diario La Nación. La Fundación Ineco, entrevistó a 1005 jóvenes en cuarentena y el resultado era de esperarse: “Hartos del encierro, siete de cada diez jóvenes porteños mostraron síntomas de ansiedad, depresión y sentimientos de soledad con baja satisfacción por la vida”, comenta la editora de la nota, Soledad Vallejos . Faltará ver los resultados políticos y electorales que irá dejando en los diferentes puntos del mundo. En Francia, por ejemplo, las últimas elecciones arrojaron un contundente éxito de las banderas verdes. Sin embargo, al igual que en otras elecciones de este año pandémico, el principal candidato fue la abstención.


La Solución.

La Espontaneidad y velocidad de propagación:

Durante la campaña de Clinton del 2016, se dijo que perdieron dado que se siguieron haciendo muestreos de redes sociales pero se dejaron de hacer muestreos en la calle, lo que impidió anticipar el resultado. La calle es sumamente importante. Sin embargo, jamás hay que dudar de la efectividad de un Tweet. Los jóvenes son soñadores sin “American Dream” y creen que pueden generar una avalancha en un segundo. Y han sabido lograrlo. Puede ser la avalancha que te hunda o te impulse, pero la realidad es que la historia de la humanidad es un gran relato, y las historias son mucho más que campañas temporales para comprar un producto o servicio. La vida de un político, su historia, es tan eterna como su participación en política y, ya sea por la positiva o la negativa extrema, puede estirarse la historia incluso post muerte.


Este es un principio humano: la historia atrae, y la juventud, por más apolítica que se muestre, no es indiferente de esto. Los jóvenes hoy eligen no escuchar las historias y culpar a la política. Así como el “Ni Una Menos” cultivó el corazón de miles de jóvenes, habrá que hallar historias para levantar sus otras banderas y movilizar a esta masa dormida. Basta con un Tweet que haga sonar la vuvuzela.

*Santiago es Licenciado en Comunicación Publicitaria con Master en Comunicación Política. VER MÁS