Las políticas orientadas por misiones como herramienta de desarrollo sostenible para América Latina

Por Delfina López Suriano* |


La región de América Latina y el Caribe (ALC) es la más desigual del planeta según la CEPAL. La pandemia causada por la aparición del virus que ya el mundo conoce como COVID-19, expuso las múltiples crisis de carácter sanitario, económico, social y climático a las que se enfrenta la región. A partir de esto, se vuelve imperiosa la necesidad que tienen los estados de crear políticas innovadoras que puedan resolver estos problemas. Esto, además, se suma a la emergencia regional por encontrar nuevos motores de crecimiento (sostenible) a largo plazo que puedan cerrar brechas de inequidad.


La italiana Mariana Mazzucato, directora y profesora de Economía de la Innovación y el Valor Público en la University College of London, lleva años estudiando estrategias para la innovación en la Administración Pública y en el diseño de políticas públicas. Lo que busca es dar sentido al Estado, plantearlo como una nueva institución con una nueva misión. En una de sus últimas publicaciones, junto con Caetano C. R. Penna, se pregunta cómo abordar los desafíos sociales mediante políticas de innovación orientadas por misiones en ALC.


La clave para comprender mejor lo que son las Políticas Orientadas por Misiones (POM), es pensarlas como desafíos sociales a superar. El diseño de estas políticas tiene que tener objetivos específicos que determinen una dirección definida para hacerle frente a los retos sociales de la actualidad. Para el éxito en la implementación y en los resultados de las POM, es condición necesaria que el Estado adopte un rol emprendedor, que se involucre y experimente en el diseño de nuevas políticas. Además, tiene que motivar la colaboración entre el ámbito público y el privado, dado que este enfoque combina el lado de la demanda con los instrumentos de la oferta para así obtener mejores y más eficientes resultados. Para Mazzucato (2016; 2020), el objetivo del Estado tiene que ser el de pasar a traducir los desafíos sociales en misiones concretas, definir direcciones y promover el desarrollo y difusión de tecnologías pertinentes en el marco de una estrategia innovadora para un crecimiento eficaz e inteligente.

En el año 2015, se aprobó la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible en la que se refleja el compromiso de la comunidad internacional para intentar definir los grandes desafíos sociales contemporáneos. En ella, se establecieron 17 objetivos y metas claras para cada uno. Estas permiten la definición de indicadores para la evaluación y rendición de cuentas, herramienta fundamental para un diseño exitoso de cualquier política pública. La base de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es el trabajo transversal e integrador, es decir que su aplicación no puede concebirse de manera aislada, con lo cual la aplicación conjunta de estos objetivos es imprescindible. Debido a que son objetivos complejos, mediante la innovación se tienen que encontrar aceleradores que abarquen a más de un objetivo por vez e incluyan a un mayor porcentaje de la población. Observar los ODS sirve para entender los grandes desafíos contemporáneos.



Imagen 1: Objetivos de Desarrollo Sostenible. Foto ONU.

Ahora bien, ¿por qué pasar de políticas de innovación basadas en la oferta a políticas orientadas por misiones es una excelente estrategia, para países de Latinoamérica, para hacerle frente a los nuevos desafíos sociales que se plantean en la Agenda 2030? La inestabilidad en América Latina y el Caribe se profundizó con la crisis causada por la pandemia, lo que dejó en evidencia la alta y creciente desigualdad que enfrenta la región. Para Mazzucato (2020: 10), una agenda política orientada por misiones aumentaría la eficacia de la política de innovación y también tendría el potencial de ayudar a reequilibrar las finanzas públicas, no recortando gastos, sino incrementando las inversiones estratégicas que, debido al mayor efecto multiplicador, aumentarían los ingresos futuros. Fernando Peirano, presidente actual de la Agencia I+D+i, del Ministerio de Ciencia, explicó en 2019 en una entrevista al portal periodístico de ciencia y tecnología PERIFERIA que "el Estado define un problema, un desafío, y estructura un trabajo entre el sector público y privado para resolverlo”. Además agregó que "en el ámbito de la Salud, el Ambiente o la Energía tenemos oportunidades enormes de implementar esta forma de trabajo de misiones orientadas que podrían hacer que el Ministerio logre ser más transversal y que logre involucrar presupuestos de otros ministerios, que es la mejor manera de hacer crecer la inversión pública en I+D”.

Algunos autores, como Kattel y Mazzucato, identificaron tres generaciones de políticas orientadas por misiones a lo largo de la historia moderna. La primera tenía una clara misión de avance económico, como fue la Revolución Industrial y tecnológica en Estados Unidos y Alemania. La segunda generación fueron Misiones de defensa, nucleares y aeroespaciales. Un gran ejemplo de esta generación de POM fue la misión Apollo llevada a cabo por la NASA. En la actualidad, ya es posible identificar una tercera generación de Políticas orientadas por Misiones, como es el caso de Europa en donde ya representan en términos de inversión el 40% de los fondos existentes de promoción de la innovación. Su objetivo actual es enfrentar los grandes desafíos sociales a través de la ciencia, la tecnología y la innovación.

En Argentina, existen ejemplos de políticas innovadoras que se pueden asociar a las estrategias de POM: una es la que se centró en el sector nuclear desde mediados del siglo XX y la otra se dio en el sector de los satélites (Carrizo, 2019). Sin embargo, ninguna de estas políticas mencionadas estuvo asociada a una política de Ciencia, Tecnología e Innovación ni industrial centralizada ni sistémica, sino que emergieron en el marco de sectores económicamente estratégicos cuyos antecedentes se remontan a los inicios del sector nuclear en la década de 1950 (Carrizo, 2019: 6). Distintos son algunos nuevos casos en la región como Chile, poniendo a la energía solar como factor propicio para el desarrollo basado en la innovación, Colombia, con su política local en Medellín para mejorar la educación en la ciudad, y México, con la creación de la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes. Estas misiones tuvieron una estrategia clara y el objetivo de abordar cuestiones sociales en cada país. Además de servir como ejemplo de políticas exitosas, lograron mediante la colaboración público-privada, las mejoras en las capacidades estatales y la innovación, hacerle frente a estos grandes desafíos incorporando una perspectiva orientada por misiones.

El objetivo de este artículo es motivar a todos los estados de la región a que consideren adoptar políticas orientadas por misiones, que incorporen a la ciencia y la tecnología con el fin de lograr políticas de desarrollo sostenible a largo plazo que sean inclusivas, inteligentes e innovadoras y así, alcanzar los 17 objetivos de la Agenda 2030, cerrando brechas de desigualdad y con una mirada en la protección de los recursos naturales. Apostar de manera decidida al fortalecimiento de políticas de innovación es una estrategia ingeniosa para cualquier administración pública que tenga como meta satisfacer las necesidades sociales y abordar problemas de sostenibilidad y de crecimiento económico.


Referencias:



*Delfina Lopez Suriano - Licenciada en Relaciones Internacionales (UdeSA) y recientemente graduada del posgrado en Diseño y Evaluación de Políticas Públicas (UPF Barcelona School of Management). Militante feminista. Experiencia en el ámbito público, particularmente en la Cámara de Diputados. Miembro del grupo Youngo Ocean’s Voice de Naciones Unidas, que busca salvar a los océanos y los ecosistemas marinos de todo el mundo. Conductora del Podcast @llorosiquiero.podcast