Industria 4.0 y el futuro del trabajo

Por Paz Alvarez* |


En agosto, el Foro Económico Mundial compartió en sus redes un video que muestra cómo en Bélgica se construyó la primera casa de dos pisos con una impresora 3D. En 15 días, la casa ya estaba terminada. El proceso de construcción o, mejor dicho, de impresión, implicó un 60% menos de recursos y una reducción del 50% en las emisiones de CO2, brindando como resultado una vivienda 3 veces más resistente que cualquier otra construida de manera tradicional. Pero el dato que probablemente llame más la atención es el siguiente: la construcción requirió solamente de una persona, quien se dedicó a controlar la impresora, pero fue la máquina la que hizo todo el trabajo.


Este no es un caso aislado: cada vez es más habitual ver cómo las nuevas tecnologías simplifican trabajos, prescindiendo de gran parte de la mano de obra que antes era necesaria. Se trata de una de las tantas consecuencias de la Industria 4.0. Estamos siendo testigos de la Cuarta Revolución Industrial y, al igual que las anteriores, esta produce y producirá grandes cambios en la vida de las personas y en la organización de toda la sociedad. En esta nueva etapa que comenzó a principios del corriente siglo, la tecnología está dando un salto superlativo, generando una conexión inteligente y sin precedentes entre productos, servicios, cosas y personas. Pero esta revolución, a diferencia de las anteriores, ya no se trata solamente de la incorporación de nuevas máquinas y sistemas, sino también de la interconexión que existe entre ellos en tiempo real y su interacción a través de los dominios físicos, digitales y biológicos.


A raíz de ello, surge el término de Industria 4.0, que se desarrolla a partir de pilares tecnológicos como la nube, internet de las cosas, inteligencia artificial, macrodatos, robotización, impresión 3D, cadenas de bloques, 5G, realidad aumentada, entre otras. Todas estas tecnologías están siendo mejoradas minuto a minuto y llegaron para fusionar el plano físico con el plano digital, repercutiendo a nivel económico, social, político y hasta cultural. Este fenómeno, que se acelera de forma irreversible, nos presenta un abanico de posibilidades ilimitadas, pero también surgen nuevas preocupaciones y desafíos que podrían perjudicar a las naciones que no estén preparadas para gestionar los grandes cambios. Y es en este punto donde nos preguntamos: ¿la Argentina será capaz de subirse a la ola o se ahogará?


Es cierto que, a lo largo de la historia de la humanidad, cada avance tecnológico produjo transformaciones en el mundo laboral. Pero esta vez, el futuro parece más incierto que nunca. El Foro Económico Mundial asegura que el 65% de los niños de primaria tendrán trabajos que aún no existen, mientras que una investigación de la Universidad de Oxford advirtió que alrededor de un 47% de los trabajos en Estados Unidos podrían ser reemplazados por algoritmos.


En Argentina, el caso específico de la construcción se trata de un rubro usualmente considerado como uno de los principales motores para encender la economía en tiempos de crisis o recesión. Esto se debe, sobre todo, a la gran cantidad de empleo que genera. Pero, ¿qué pasará cuando se requiera de tan solo una impresora 3D y un par de ingenieros, operarios y diseñadores para construir barrios enteros en cuestión de meses?


Todo esto, lejos de atemorizarnos, debería representar un llamado a la acción inmediata. Mientras la tecnología pone muchas labores en jaque, también genera nuevos puestos de trabajo que hasta el momento no existían. El Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) publicó un informe que sostiene que el 51% de las empresas argentinas tiene dificultades para encontrar expertos en tecnología y estima que, al finalizar el año 2020, quedará más de un 30% de puestos vacantes en ciencia y tecnología.


Lo cierto es que esta realidad encuentra a la Argentina sumida en problemas estructurales que dificultan el impulso de políticas de Estado que emerjan del consenso y que sean sostenidas en el tiempo de forma prioritaria. El ejemplo de las recientes idas y vueltas de la Ley de Economía del Conocimiento deja en evidencia que todavía existen actores nacionales reacios a generar las condiciones necesarias para que este tipo de industrias se desenvuelva y generen empleos genuinos en la Argentina. Esta Ley, que promete crear medio millón de puestos de trabajo en la economía formal, fue aprobada por unanimidad en 2019 y reglamentada. Pero tras el cambio de gestión nacional, fue suspendida y actualmente el nuevo proyecto de ley, de menor alcance que el original, lleva meses en el Congreso esperando ser aprobado por la Cámara de Senadores.


Sin embargo, y a pesar de la falta de condiciones macroeconómicas adecuadas y de un marco regulatorio que genere certidumbre, nuestro país es conocido como “la tierra de los unicornios”, ya que cuenta con 5 empresas de base tecnológica que alcanzaron valores superiores a mil millones de dólares sin cotizar en bolsa y otras 3 empresas que están cerca de alcanzar la misma meta. Pero como mencionamos anteriormente, estas y muchas otras empresas de base tecnológica no consiguen recursos humanos calificados para cubrir los puestos de trabajo que se generan. Esto se debe a dos razones principales: por un lado, la falta de personas que decidan formarse en los perfiles buscados, y, por el otro, la “fuga de cerebros”. Los profesionales argentinos de las llamadas carreras STEM son muy apreciados en el extranjero ya que generalmente cuentan con habilidades altamente desarrolladas, como la capacidad de tomar decisiones difíciles, trabajar bajo presión o desarrollarse con facilidad en entornos exigentes y cambiantes. Es por ello que cientos de profesionales emigran en busca de oportunidades de crecimiento profesional y económico, que encuentran rápidamente fuera del país.


Ante este contexto, es menester que gobierno, academia, empresas, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanía aborden esta transformación de forma estratégica y mancomunada. La Argentina se encuentra ante el desafío de resolver sus problemas estructurales -como el acceso al crédito, la estabilidad cambiaria o la seguridad jurídica-, para que las iniciativas privadas cuenten con condiciones básicas para desarrollarse. Además, es imprescindible generar rápidamente una firme estrategia de transformación educativa que elimine la brecha digital e iguale oportunidades para que niñas, niños y jóvenes puedan proyectar sus estudios universitarios, particularmente en carreras científicas y tecnológicas. Y es que para subirnos a la ola de la Industria 4.0 necesitamos estar preparados, establecer reglas claras e invertir en las personas. El futuro ya llegó.


*Lic. en Relaciones Internacionales. Maestranda en Internacionalización de Empresas. Diplomada en Negocios Internacionales. Investigadora Académica en el Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP, en temas de tecnología y economía internacional. Asesora legislativa. Ex Coordinadora del Ministerio de Agroindustria de la Nación para la Provincia de Mendoza. VER MÁS