El nudo en la gratuidad de la Universidad Pública

Por Graciela Gurman* |

Se puede aprender de los intereses y de las preocupaciones en una comunidad política a partir de lo que se discute, así como también prestando atención a sus debates pendientes. En ese sentido, sabemos que como argentinos y argentinas estamos orgullosos de la educación pública y debe quedar claro, desde el principio, que ese no será el foco de esta nota, sino el carácter de gratuidad universal en la educación pública universitaria en el país.


Hoy en día la universidad pública es gratuita y con ingreso irrestricto. Esto se contrapone con datos sobre la efectividad de esta política: la mayoría de los beneficios de la gratuidad universitaria quedan en manos de los quintiles más altos en la distribución del ingreso argentino. Solo el 8,5% del quintil más bajo hace uso de esta institución, mientras que el porcentaje crece hacia los quintiles más altos en la distribución del ingreso llegando a 38,4% en el quintil más alto. Los estudiantes de la universidad pública argentina se reciben menos por cantidad de ingresantes y les lleva más años comparado con otros países. Teniendo estos puntos en cuenta, esta parece ser una discusión postergada que debemos tener.


Si pensamos que el objetivo de esta política es garantizar el derecho a la educación, hay ciertas alternativas que podrían ser más eficientes: redirigir el esfuerzo en recursos hacia los quintiles con mayores necesidades de compromiso estatal para su desarrollo educativo es una de ellas. A través de la inversión en la educación pública primaria y secundaria, donde los quintiles más bajos en la distribución del ingreso logran quedarse con la mayor parte de los beneficios, podríamos facilitar el camino hacia la universidad para aquellos que tienen la cuesta más empinada.


Hoy en día solo una pequeña parte de los jóvenes provenientes de las familias con los ingresos más bajos del país asisten a la universidad y si bien esta problemática se ve atravesada por múltiples causas, un punto relevante es que el deterioro que ha sufrido la educación pública primaria y secundaria les impide contar con una base de conocimientos razonables como para enfrentarse al primer año de universidad. Las pruebas PISA miden la capacidad que tienen los estudiantes en secundario de extrapolar y aplicar los conocimientos adquiridos: en su última evaluación Argentina se encuentra en el puesto 63 en Lectura, 71 en Matemática y 65 en Ciencias entre 79 países que participaron en la evaluación.


Ahora, ¿qué hacer con la gratuidad de la universidad para aquellos que pueden pagarla? Considero que sería prudente pensar un sistema en el cual cada uno pague según su capacidad, mediante la búsqueda de indicadores que nos permitan tener una idea de cuánto podría pagar esta persona por su educación.


Pero, ¿por qué invertir en primarias y secundarias sería mejor que otras opciones? ¿Por qué es mejor esta idea en comparación a otorgar becas a quienes las necesiten con el dinero que pague la gente según su capacidad? Porque las universidades están en las capitales de las provincias, pero no llegan a los pueblos en el interior de Chaco, Formosa o Santiago del Estero. Las instituciones públicas que cumplen el rol de educar a los jóvenes en los lugares más recónditos del país son primaria y secundaria. En la situación actual, la mayoría de estos chicos no va a llegar a pedirle al Estado una beca de apoyo económico para asistir a la universidad, porque les faltó un tramo muy relevante de educación en un estadío previo y la universidad no parece una opción viable para ellos. El objetivo principal sería lograr que el 8,5% del que hablábamos más arriba crezca y tengamos más jóvenes de bajos ingresos per cápita familiar haciendo uso del recurso brindado por el Estado de contar con universidades públicas y gratuitas. Pero, para eso, debemos invertir en su desarrollo educativo en nivel primario y secundario.


Teniendo estos puntos en cuenta a la hora de pensar en la organización del sistema educativo argentino, podríamos no solo ampliar el espectro de personas a las que las universidades públicas alcanzan y garantizar el derecho a la educación de una manera inclusiva y equitativa, sino también lograr este objetivo con eficiencia.


Universidad pública para todes, pero gratuita para todes les que lo necesiten. Necesitamos una universidad pública abocada a la inclusión, que tenga en cuenta que en los hechos no todos los argentinos y argentinas partimos del mismo lugar y que algunos necesitan más apoyo que otros, que admita que las capacidades de esta institución son limitadas y que permanecer en este esquema no colabora con los objetivos de la misma: enfoquemos nuestros esfuerzos.

Trabajos citados


Garriga, M., & Rosales, W. (2013) Capitulo III. In Finanzas públicas en la práctica selección de casos y aplicaciones (pp. 90-124). Buenos Aires: Haber.

*Graciela Gurman es Licenciada en Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella. Actualmente realizando la maestría en Políticas Públicas en la misma universidad. Se desempeña en el sector de Gestión de Proyectos Educativos en el Museo Beit Hatfutsot en Tel Aviv, Israel. VER MÁS


** Este artículo se escribió en el marco de la materia "Diseño e Implementación de Políticas Públicas en Argentina" de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad Torcuato Di Tella. Los anteriores artículos pueden verse acá.

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