El Consejo de Derechos Humanos en la política exterior argentina

Por Gino Pauselli* |


En los últimos días, el Consejo de Derechos Humanos ha estado en las noticias en Argentina debido al apoyo del país a la resolución que condena las violaciones a los derechos humanos que ocurren en Venezuela. Dichos cuestionamientos por parte de sectores progresistas del gobierno se suman a cuestiones por parte de sectores más conservadores de la sociedad (no solo nacional, sino en todo el mundo) al propio Consejo debido a que grandes violadores de los derechos humanos se encuentran entre sus miembros. En este sentido, el 13 de octubre se votó a un tercio de los miembros del Consejo entre cuyos países electos figuran China, Cuba y Rusia. En esta nota propongo una mirada más compleja sobre la efectividad del Consejo de Derechos Humanos, su membresía y legitimidad. Al momento de juzgar el trabajo de la organización o demandar reformas, es necesario tener presente el efecto que tiene la actual estructura y los costos de una organización ideal.


El Consejo de Derechos Humanos es el órgano multilateral más importante del mundo para la promoción y protección de los derechos humanos. Al ser una organización intergubernamental, está sujeta a pujas políticas por parte de sus miembros. Esto ha generado llamados de reformas por parte de organizaciones de la sociedad civil y activistas. Las principales críticas se pueden resumir en dos puntos.


Primero, entre los 47 miembros del Consejo se encuentran varios países con graves violaciones de derechos humanos y varios de ellos buscan promover agendas anti-derechos dentro del Consejo. Ejemplo de esto ha sido la elección de Venezuela el año pasado y la elección de China, Cuba y Rusia este año. En este sentido, Rusia en particular ha sido uno de los principales promotores de resoluciones sobre “valores tradicionales” que buscan restringir la ampliación de derechos a minorías. Segundo, el Consejo recibe críticas por la politización en las decisiones sobre qué países son investigados y condenados ya que varios violadores de derechos humanos no son condenados. China y Arabia Saudita, por ejemplo, a pesar de las graves violaciones de derechos humanos que se denuncian en informes de organizaciones no gubernamentales, no han recibido ninguna condena institucional.


Ahora bien, ¿qué implicancias tiene esto para la política exterior argentina? Una de las banderas más importantes de la diplomacia argentina es la promoción de los derechos humanos. Así, el país ha cultivado y mantenido desde 1983 una reputación internacional por ser uno de los principales líderes en el área de derechos humanos. Desde la creación del Consejo de Derechos Humanos en 2006, Argentina ha condenado las violaciones de derechos humanos en todos los países en donde una resolución ha sido puesta en consideración: países alineados y no alineados, amigos y enemigos de Estados Unidos o China. Las críticas a la posición argentina respecto a Venezuela en el Consejo están justamente alineadas con lo que se critica del Consejo de Derechos Humanos: su politización que lleva a que países logren escapar del escrutinio internacional porque se privilegian alianzas y amistades. Siguiendo este razonamiento, la Argentina recientemente ha evitado contribuir a que un país violador de los derechos humanos no sea criticado por la comunidad internacional gracias a favores políticos o ideológicos.


En cuanto a la membresía del Consejo, la reciente elección de países con dudosas credenciales de promotores de los derechos humanos debe entenderse en el marco del sistema de elección de miembros. El Consejo posee 47 miembros y un tercio de estos se renueva cada año. La membresía, sin embargo, está dividida por grupos regionales: 13 asientos para el grupo africano, 13 para el grupo Asia-Pacífico, 6 para Europa del Este, 8 para América Latina y el Caribe y 7 para Europa Occidental y Otros (entre ellos, Estados Unidos, Canadá e Israel). Así, cuando se elijen miembros, estos deben provenir de estos grupos distribuidos de esta manera. Este año, por ejemplo, se renovaron 4 bancas tanto para África como Asia-Pacífico, 3 de América Latina y el Caribe, 2 de Europa del Este y otras 2 de Europa Occidental. Si existe la misma cantidad de candidatos que bancas a renovar, es prácticamente imposible que alguno de los candidatos no sea electo (una banca quedaría vacía y esto suele buscar evitarse por parte de los países de ese grupo regional). Las únicas situaciones donde un candidato puede quedar fuera del Consejo son las veces en que la cantidad de candidatos es superior a la cantidad de bancas disponibles en un grupo regional. Esto sucede pocas veces ya que los países buscan no enfrentarse entre ellos por una banca en el Consejo. Sin embargo, las veces que ha sucedido, la evidencia muestra que la comunidad internacional no “premia” a los violadores de los derechos humanos.


En 2014, Rusia perdió frente a Croacia y Hungría en la votación para ocupar una de las 2 bancas disponibles para el grupo de Europa del Este. A su vez, varios países han bajado su candidatura en contextos de alto rechazo internacional (por ejemplo, Siria y Sudán en 2012). En aquellos casos en que países con pocas credenciales han sido electos, la cantidad de votos recibidos ha sido bastante menor a otros candidatos con diplomacias más débiles. Por ejemplo, Venezuela fue electo el año pasado junto a Brasil y dejó fuera a Costa Rica. Sin embargo, a pesar de que la candidatura venezolana llevaba casi 9 meses de campaña en la diplomacia internacional, obtuvo solamente 10 más que la candidatura costarricense que llevaba solamente un mes. Este año, en el grupo de América Latina y Caribe hubo la misma cantidad de candidaturas que bancas a renovar. Bolivia, Cuba y México fueron electos, aunque, entre los tres, Cuba fue el país que menor cantidad de votos recibió. En el grupo Asia-Pacífico hubo cinco candidaturas para cubrir 4 bancas: Arabia Saudita, China, Nepal, Pakistán y Uzbekistán. Después de meses de campañas internacionales para evitar la elección de los mayores violadores de derechos humanos en ese grupo, fueron electos China, Nepal, Pakistán y Uzbekistán con 139, 150, 169 y 169 votos respectivamente. Arabia Saudita logró solamente 90 apoyos. ¿China será parte del mayor órgano de Derechos Humanos del mundo entre 2021 y 2023? Sí. ¿Esto significa que el multilateralismo en materia de derechos humanos está en crisis? No. Significa que no hubo suficientes candidatos para que China quede afuera. Además, Arabia Saudita, un estado con una diplomacia multilateral muy fuerte, sí quedó fuera del Consejo, a pesar de predicciones de que tenía el asiento asegurado.


El multilateralismo en materia de derechos humanos no es perfecto. Sin embargo, es importante tener en cuenta la evidencia en contra de un Consejo de Derechos Humanos que hace la vista ciega a violaciones a los derechos humanos. Los miembros de la comunidad internacional sí tienen en cuenta quiénes son los candidatos. Asimismo, en un mundo ideal, los miembros del Consejo serían aquellos países sin violaciones de derechos humanos (dicho país actualmente no existe). Sin embargo, en este mundo ideal quedarían fuera de la conversación justamente aquellos países sobre los cuales se busca influir en sus políticas de derechos humanos.


La Argentina debería buscar apoyar los espacios multilaterales que, aunque imperfectos, son espacios de promoción y protección de los derechos humanos. Esto es así tanto porque el trabajo en estos organismos hace una diferencia en el goce de los derechos humanos (ver Lebovic y Voeten (2009), Giaccobbe Allendoerfer et al. (2020), y Terman (2020)) como porque refuerza la reputación internacional que han sabido cultivar los distintos gobiernos desde le regreso de la democracia. En momentos en que las organizaciones multilaterales reciben críticas de distintos sectores, el apoyo a aquellas cuyo efecto es positivo debería ser prioridad de la diplomacia argentina.

Referencias

Allendoerfer, M. G., Murdie, A., & Welch, R. M. (2020). The Path of the Boomerang: Human Rights Campaigns, Third-Party Pressure, and Human Rights. International Studies Quarterly, 64(1), 111-119.


Lebovic, J. H., & Voeten, E. (2009). The cost of shame: International organizations and foreign aid in the punishing of human rights violators. Journal of Peace Research, 46(1), 79-97.


Terman, R. (2020). The positive side of negative identity: Stigma and deviance in backlash movements. The British Journal of Politics and International Relations, 1369148120948485.

Gino Pauselli es candidato a doctor en Ciencia Política (con énfasis en Relaciones Internacionales) por la Universidad de Pensilvania. Realizó estudios de grado en la Universidad de San Andrés y de maestría en la Universidad Torcuato Di Tella. Ha sido becario Fulbright y docente invitado de la Universidad Torcuato Di Tella. VER MÁS