Educación y Trabajo: ¿por dónde empezamos?

Por Pedro Schiuma* |


Mucho se habla sobre la necesidad de articular el mundo de la educación y del trabajo, sin embargo, visibilizamos que a las distintas áreas de gobierno les es dificultoso poder implementar acciones que permitan demostrar que dicha vinculación es más que un deseo. Resulta imperioso generar el paso del voluntarismo a la definición de políticas públicas que trasciendan los distintos gobiernos y, sin lugar a duda, para ello requeriremos la construcción de consensos.


La terminalidad de los estudios secundarios fortalece a las y los estudiantes para concluir sus proyectos de vida, continuar hacia estudios superiores, mejorar la calificación para la inserción laboral y/o avanzar hacia sus propios emprendimientos. Por tal motivo, la educación debe brindar diferentes saberes y competencias, tanto técnicas como de gestión, que favorezcan las capacidades de abstracción, representación y la práctica del trabajo en grupo. Entre dichas competencias deben considerarse la comunicación; la aplicación de la matemática para la solución de problemas; el pensamiento computacional; y el manejo de tecnologías informáticas.


El desafío que enfrentan las políticas educativas consiste en generar las condiciones para que las y los estudiantes puedan completar su formación general y, al mismo tiempo, puedan alcanzar más y mejores posibilidades de inserción laboral, sin tener que esperar a un estadío superior. Para ello, entonces, será necesario articular a nivel jurisdiccional al Ciclo Superior de la Educación Secundaria (menores de 18 años, Orientada, Agraria, Técnica) y a la Educación Secundaria de Jóvenes y Adultos (mayores de 18 años, CENS, FinES) con la Formación Profesional y la Educación Superior de Formación Técnica.


Por un lado, existen experiencias muy buenas que se han llevado adelante en las Escuelas Técnicas de la provincia de Buenos Aires. La primera fue el Plan Dual iniciado en la década de los ochenta que fue dejando de funcionar y hoy se reduce a algunas pocas escuelas técnicas y secundarias. La segunda, las Prácticas Profesionalizantes, de carácter obligatorio, que se lleva a cabo en las Escuelas Técnicas.


Por otro lado, en algunos Centros de Formación Profesional se producen articulaciones con empresas de distintos sectores de la producción que facilitan la vinculación con el mundo del trabajo. En este sentido, será necesario generalizar estas experiencias a toda la Educación Secundaria y convertirlo en una política pública primordial.


La acción de educar es una práctica social que debe profundizar el campo de comprensión de las trayectorias de adolescentes, jóvenes y adultos. Es fundamental prestar atención a la dimensión subjetiva de los actores del proceso pedagógico e implementar políticas de subjetividad a los fines de identificar aquellos aspectos que aparecen en el trayecto de las personas o de los grupos que logran superar los determinismos sociales y culturales y que tienen vinculación directa con el trabajo pedagógico (Tedesco, 2004).


Debemos hacer foco en la escuela Secundaria, que debe garantizar la formación ciudadana, proveer los contenidos del conocimiento general y ser propedéutica. Pero también debe formar para la inserción en el mundo laboral en pos de lograr que los estudiantes emprendan su propio camino en el sector productivo. Sin embargo, la escuela no debe formar en base a las demandas del mercado laboral, sino que debe otorgar bases sólidas del pensamiento crítico, con métodos de discernimiento incorporados y con habilidades cognitivas que le permitan transitar los cambios con los que se encontrará en su vida. Las políticas educativas deben articular con las demandas del mercado laboral, acompañarlas con criterios formativos, y evitar decisiones econométricas de coyuntura.


Empero, los resultados de la educación secundaria en la provincia de Buenos Aires no nos estarían acompañando. La tasa de egreso de los menores de 18 años, del año 2017 (Ministerio de Educación de la Nación, Informe Cuantitativo Educación Secundaria RA 2017) fue tan solo de un 46,2% y sólo el 23,4% egresó en tiempo y forma, es decir, que más de la mitad de las y los estudiantes que empiezan primer año no terminan sexto.


Con la tasa de egreso que se viene sosteniendo desde hace varios años y, a partir de lo que nos informa el Relevamiento Anual 2018 del Ministerio de Educación de la Nación, en la Provincia de Buenos Aires de 325.174 estudiantes comenzaron primer año del secundario sólo llegarán a sexto año y egresarán 150.479, dejando en el camino 174.695 estudiantes. Para representarlo con una imagen: equivale a tres Estadios Únicos de la Ciudad de La Plata completos.


La Encuesta Permanente de Hogares del INDEC informa que al segundo semestre del año 2019 7.849.251 argentinos/as no terminaron sus estudios secundarios, de ellos, el 69,5% se ubican en la provincia de Buenos Aires - 5.458.277.

Fuente: EPH Segundo Semestre 2019. Nota: 28% de la muestra, además la encuesta permanente de hogares no toma en cuenta a la gente en situación de calle, mientras los datos censales sí lo hacen).


En la provincia de Buenos Aires, el Censo del año 2010 registra a 4 millones 200 mil bonaerenses sin finalizar sus estudios secundarios. Si nos limitamos a la Población en Edad de Trabajar (PET), entre 18 y 65 años, el número se reduce a 3 millones 200 mil y representa el 31% de la población total, es decir, 1 de cada 3 bonaerenses.

La mayor parte de los empleos creados en los últimos años requieren secundaria completa y estudios universitarios. El nivel secundario obligatorio se ha transformado en el piso para acceder a un trabajo. Esto imposibilita a una gran cantidad de personas acceder a un empleo calificado y en blanco por sus bajos niveles educativos.


Los datos que registra el INDEC es que cada 100 personas desocupadas en la provincia de Buenos Aires:


Si analizamos la Asignación Universal por Hijo (AUH), el 60% no terminó la secundaria. Este es el gran escollo para transformar los planes sociales en empleo formal. Los datos indican:

De los datos anteriormente expuestos se desprende un dato muy importante: el 49% de los desocupados tienen sus estudios secundarios completos. Por lo tanto, tener la secundaria completa es condición necesaria, pero empieza a no ser suficiente.


Para que sea suficiente debemos empezar a pensar la necesidad que la formación orientada en la secundaria tenga una vinculación más directa con el trabajo. De manera tal que, permita incorporar capacidades específicas y que desde allí formen para el mundo laboral y motive a los estudiantes a emprender su propio camino, incorporando la Formación Profesional en esos espacios curriculares de la Formación Orientada. Por ejemplo, si el Bachiller en Informática incorpora a la formación orientada los contenidos del Trayecto Formativo de Formación Profesional de Programador, al finalizar la escuela secundaria las y los estudiantes obtendrían el título de Bachiller más una certificación de Nivel III de Programador que tiene gran demanda en el sector laboral correspondiente. Si además quiere continuar la Tecnicatura Superior en Programación que tiene una duración de cinco cuatrimestres, un poco más de un cuatrimestre, equivalente al 23% de la carrera, lo tendrá aprobado por lo certificado en la escuela secundaria. El objetivo es darles un sentido más concreto a las trayectorias, sobre todo en el ciclo superior. Preparar para la ciudadanía, el conocimiento, el trabajo, para emprender y para seguir estudiando y formándose a lo largo de la vida son algunas de las líneas a profundizar en la escuela secundaria.


En el caso de los Jóvenes y Adultos mayores de 18 años durante el período 2017 a 2019 se desarrolló una excelente experiencia en la articulación de Formación General y Formación Profesional que fue el Programa Secundaria con Oficios. Participaban del mismo tanto los Centros Educativos de Nivel Secundario como las comisiones de FinES, las cuales conformaban Unidades Educativas con Formación Profesional. A partir de esta articulación en tres años las y los estudiantes además de recibir el título de Bachiller, aprendían tres oficios con sus certificaciones oficiales, de manera tal de insertarse rápidamente en el mundo laboral, hacer sus propios emprendimientos y continuar hacia estudios superiores. En la Provincia de Buenos Aires, hacia fines de 2019 egresaron los primeros estudiantes y 27.000 continuaban estudiando en el Programa. Cabe destacar que el 65% de la matrícula estaba conformada por mujeres de entre 18 y 27 años de edad, jefas de hogar y beneficiarias de algún plan del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.


Seguir trabajando sobre este este universo no solo mejorará índices de desocupación y productividad, sino que también provocará la movilidad social ascendente del 31% de la población entre 18 y 65 años, reduciendo índices de inseguridad y violencia e impactando positivamente en las condiciones de vida en nuestras comunidades.

* Pedro Schiuma es Ingeniero electrónico y Máster en Ciencias del Estado. Es Coordinador Nacional de Educación de Adultos y Formación Profesional de UOCRA. Ex Director Educación de Adultos Prov. VER MÁS.