Desigualdad pandémica y su transmisión intergeneracional

La pandemia actual está afectando seriamente la desigualdad social y la igualdad de oportunidades en numerosas dimensiones. La interrelación entre estas dimensiones terminará por delimitar el impacto del COVID-19 sobre las generaciones futuras. Las repercusiones de la pandemia en los niños vulnerables se presentan como grandes desafíos a enfrentar, hoy y en el futuro.


El primer canal de incidencia, y probablemente el más obvio, es el de las pérdidas educativas directamente asociadas con el cierre de las escuelas. Numerosas investigaciones han demostrado que la reducción de horas de estudio empobrece el desempeño académico. De acuerdo con los resultados hallados en investigaciones que miden la disparidad educacional existente luego de las vacaciones de verano, esta situación extraordinaria probablemente afecte de manera particular a los niños en condiciones más desfavorecidas. Estos cuentan con menores oportunidades educativas fuera de las escuelas ya que sus padres no poseen un nivel de preparación adecuado para apoyarlos a continuar su proceso de formación dentro de sus hogares. Sumado a esto, la capacidad de las escuelas de proveer herramientas que faciliten el aprendizaje desde casa es ampliamente disparejo y depende de la disponibilidad de recursos que éstas posean, así como del nivel de gasto público destinado a educación, la disponibilidad de computadoras y el acceso a internet. En particular, la inclusión digital en zonas rurales se caracteriza por ser insuficiente y los mismos maestros posiblemente no cuenten con una cobertura de red que les permita distribuir material educativo a sus alumnos. Mientras tanto, aquellos padres que alcanzaron mayores niveles de formación académica podrán, en la mayoría de los casos, ayudar y acompañar a sus hijos mientras estos siguen su proceso educativo desde casa. Aquellos niños que no cuentan con condiciones tan ventajosas se hallan en clara desventaja. Estos niños viven además en hogares más pequeños, más densamente habitados y sin la posibilidad de contar con espacios silenciosos que propicien el estudio. Consecuentemente, las pérdidas de aprendizaje escolar serán desproporcionadas a lo largo de la distribución del ingreso, llevando a desigualdades educativas y de ingresos incluso más profundas en un futuro.


Otro posible canal es la pérdida de empleo de los padres. Mientras que la mayoría de los trabajadores calificados pueden continuar con sus tareas de manera remota, muchos de aquellos que se dedican a trabajos manuales perdieron sus puestos. Los trabajadores del sector informal se encuentran incluso más vulnerables en las presentes circunstancias debido a que pierden casi la totalidad de sus ingresos si no son capaces de cumplir con sus tareas; se estima que sus ganancias han caído en cifras de hasta el 81%. En consecuencia, las familias que se hallan en el escalafón base de la distribución de ingresos están atravesando circunstancias alarmantes, dada la reducción de los recursos económicos con los que cuentan y el grado de incertidumbre con el que enfrentan en su día a día.


Estos shocks tendrán un impacto profundo en las generaciones venideras, particularmente en aquellos países en los que la educación implica desembolsos económicos considerables por parte de los individuos; esto incluye tanto lugares en donde el valor de las cuotas es elevado como donde las disparidades entre escuelas públicas y privadas son notorias. Adicionalmente, la pérdida de empleo por parte de los padres podría llevar a que adolescentes abandonen sus estudios tempranamente para entrar cuanto antes al mercado de trabajo.


La salud es otro de los canales de incidencia de la pandemia que tiene posibles repercusiones en el largo plazo. Por ejemplo, la tasa de mortalidad por COVID-19 puede variar según grupo socioeconómico, dependiendo del alcance y calidad del sistema de salud con el que cuente el país en cuestión. Adicionalmente, la probabilidad de contagio depende de la capacidad del individuo de llevar a cabo un aislamiento ideal en caso de alto grado de transmisión comunitaria. Esto será viable en la medida en la que sea posible trabajar a distancia, pero no será el caso de muchos puestos de trabajo ni el de familias que conviven con varias generaciones bajo un mismo techo. Las medidas de cuarentena y el cierre de escuelas, además, pueden tener un impacto dramático en las desigualdades sanitarias y alimenticias, especialmente en los niños. Para muchos de ellos, las escuelas u otras instituciones educativas son su medio de acceso a una alimentación más balanceada y a servicios de salud. El cierre prolongado de escuelas y el confinamiento social pueden tener, por ende, un impacto contraproducente en la salud de los niños, llevando a casos de obesidad debido a la falta de actividad física, patrones de sueño irregulares y dietas menos nutritivas.


Muchos factores asociados a la presencia de la pandemia, tales como el miedo a contraer el virus, frustración, falta de contacto con amigos y profesores, falta de espacio personal y pérdidas económicas familiares, pueden asimismo contribuir al impacto psicológico que tiene la propagación del COVID-19; lo que podría llevar incluso a la formación de estrés postraumático. Los efectos desiguales en la salud repercutirán de una manera particularmente dañina en la productividad de los niños de hogares vulnerables en el corto y largo plazo, contribuyendo al aumento de la disparidad presente en la sociedad.


En definitiva, la interrelación entre la educación, el nivel de ingresos y la salud, terminará por delimitar el impacto del COVID-19 sobre las generaciones futuras. Por ende, el diseño de políticas públicas e intervenciones que consideren los efectos de la pandemia en los niños será crucial en el proceso de mitigación del impacto que la situación actual tendrá en las sociedades en el largo plazo. En circunstancias normales, políticas sociales tales como la provisión de salud y educación de calidad son útiles para contribuir a una mayor igualdad de oportunidades. Estas medidas tendrán que ser adaptadas al nuevo contexto en el que nos encontramos. Mientras tanto, la evidencia reciente muestra que las medidas de distanciamiento social, como el cierre de escuelas y las políticas de cuarentena nacional, a pesar de tener repercusiones importantes para la economía y la educación, han podido evitar una mayor cantidad de muertes. Los próximos pasos a seguir deberán continuar focalizándose en el control de la trasmisión del COVID-19 y salvar vidas y, al mismo tiempo, tener en consideración los daños sufridos por las familias vulnerables. Esto último será crucial en el plan de prevención de una crisis social en el largo plazo.


Nota: La versión integral de este artículo fue inicialmente publicado el 9 de junio del 2020 en la página de PNUD América Latina y el Caribe. https://www.latinamerica.undp.org/content/rblac/es/home/blog/2020/consecuencias-de-la-pandemia-del-covid-19-en-las-desigualdades-s.html

Guido Neidhöfer es investigador avanzado en el ZEW Mannheim (Centro de Estudios Económicos Europeos), Alemania, y miembro del Colegio Interdisciplinario de Investigación en Educación (CIDER). Además es investigador visitante en el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS ) de la Universidad Nacional de La Plata e investigador asociado del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano (CEDH) de la Universidad de San Andrés. Su investigación se centra en las causas y consecuencias de la desigualdad económica, la movilidad social, la educación y la migración. VER MÁS.