• Martin de Dios (*)

Crecer y terminar con la pobreza

Las cifras de pobreza en Argentina se acercan nuevamente a sus máximos históricos. Esto es muy alarmante. Y también doloroso. Las preguntas y discusiones que suelen surgir instantánea (y diría visceralmente) suelen ser: ¿Cómo reducimos la pobreza? ¿Es la economía o las políticas sociales? Seguro que el desarrollo económico es lo más importante pero, ¿es suficiente?


La manera en que medimos la pobreza puede dar lugar a distintas conclusiones. Pero en líneas generales, como podemos ver en este gráfico elaborado por CIPPEC, vemos grandes saltos en el índice cada vez que nos golpea una crisis y caídas estrepitosas de la pobreza cuando nuestra economía se reactiva.



Crecer y de manera sostenida


Los desórdenes macroeconómicos de Argentina son causa y consecuencia de un crecimiento inestable y altamente volátil. El PIB per cápita parece un electrocardiograma, y la pobreza pareciera correlacionar casi perfectamente como espejo del PBI.


Es cierto que el crecimiento económico es lo más importante, al menos en el corto plazo, para reducir la pobreza. Sin ir muy lejos, distintos Organismos Internacionales destacan el caso de Chile, donde un crecimiento económico sostenido durante dos décadas logró reducir la pobreza extrema del 30% al 3%. Perú o Colombia también son ejemplos en ese sentido. Sin dudas, un crecimiento sostenido podría reducir las cifras de pobreza en Argentina casi a un dígito.


Naturalmente, como advierten varios expertos como Walter Sosa, hay una gran concentración de ingresos alrededor de la línea de la pobreza. Es decir, nuestra cifra de pobreza (y cómo la solemos medir) es particularmente sensible a los cambios económicos: el crecimiento tiene un impacto rápido y directo en esta cifra. Muchas personas caen bajo la línea de pobreza luego de pequeñas depreciaciones de sus ingresos. Asimismo, la pobreza se reduce rápidamente tras una reactivación de la economía.


Esto también es un problema, porque justamente lleva a sobrestimar el impacto del crecimiento. Quedarnos solamente con el desarrollo económico es insuficiente: la pobreza no necesariamente se resuelve revirtiendo los fenómenos que la generan. Las terribles crisis fueron dejando consecuencias que ni los repentinos crecimientos a tasas chinas pudieron compensar. Con el tiempo, se fue desarrollando un piso de pobreza cada vez más difícil de romper. Esto es lo que se conoce como pobreza estructural.


La trampa de la pobreza estructural


El impacto de las crisis económicas en muchos hogares es tan terrible que ni siquiera un gran crecimiento económico puede sacarlos de la pobreza. A este grupo de hogares se lo conoce como pobreza estructural. Cuando las familias vienen de dos o tres generaciones de pobres, no salen de allí con tan solo un cambio generacional, como explica el economista Guido Neidhöfer en esta nota. En pocas palabras, son familias que se encuentran atrapadas en una trampa de pobreza.


La flamante nobel de economía (y mi economista favorita) Esther Duflo, resume este problema muy bien en el primer capítulo de Poor Economics. Ilustra el caso de un granjero humilde que vive con poco menos de lo justo. A diferencia de otro vecino que puede invertir en una máquina para aumentar la cosecha, sus ingresos no se lo permiten. Así, incluso en sus mejores períodos el granjero logra cubrir sus necesidades, pero nunca romper el círculo vicioso.


Y ese es el gran problema de la pobreza estructural. Es irreversible por sí sola. Las personas en la pobreza, tienen peor acceso a la salud. Como se enferman más (o sus casas se inundan), faltan más días a la escuela (y al trabajo). Como no pueden acceder a más educación, tampoco pueden acceder a mejores salarios. Como no acceden a mejores salarios, tampoco pueden costear los tratamiento para tener mejor salud. Y etcétera.


Lo que resulta muy penoso es la intersección con ciertas dinámicas sociales. Las personas que van cayendo en los círculos de la pobreza son marginadas socialmente. Como no tienen acceso a redes de gente con más dinero, se dificulta aún más acceder a un mejor trabajo. Y cuando vienen de tres generaciones en la pobreza, ni siquiera conocen cómo es un mejor trabajo. No hay una forma automática de romper este círculo.


Mejorar las políticas sociales


Muchos economistas comparten visiones como la de William Easterly, una mirada bien ortodoxa resaltando la necesidad del crecimiento económico para terminar con la pobreza. No creo que nadie realmente pueda contradecir que Argentina debe encontrar urgentemente una solución para crecer de manera sostenida y sustentable. Hoy encontramos ciertos acuerdos en tener una economía basada en las exportaciones (aprovechando la industria del conocimiento), dadas nuestras restricciones externas y la constantes devaluaciones (aunque a veces pareciera que nos olvidamos de la importancia de seguir exportando en el largo plazo).


En definitiva, en un país que lleva unas cuatro décadas sin crecimiento sostenido y entrampando gente en la pobreza estructural, resolver el desarrollo es más que urgente. Sin embargo, es fundamental resaltar que el crecimiento económico es insuficiente. Nuestras políticas sociales y las intervenciones microeconómicas, así como los programas de las organizaciones sociales, son esenciales para romper esos círculos. Y así también, son esenciales para generar ese crecimiento económico tan importante.


Candidato a Magister en Administración Pública en London School of Economics (LSE), Magister en Economía Aplicada por la Universidad Torcuato Di Tella y Abogado por la Universidad de San Andrés. Investigador afiliado al Centro de Estudios para el Desarrollo Humano (CEDH). VER MÁS