Argentina y su eterno problema con los dólares


Por Franco Lagorio*


El dólar es uno de esos temas que permanecen desde hace tiempo en la agenda pública argentina. Esto sucede porque nuestro país tiene un serio problema con la falta de dólares, que incluso al día de hoy parece no haberse resuelto. Veamos un poco de qué se trata este problema.


Para un país en desarrollo como Argentina, los dólares son un recurso fundamental para dinamizar la estructura productiva nacional (para importar bienes de consumo, bienes de capital e intermedios que requiere el sistema productivo). Pero en la historia reciente, también lo fueron para corregir los desequilibrios de las cuentas nacionales. Esta situación genera una relación de dependencia a los dólares o, dicho de otro modo, una restricción externa, la cual se entiende como la “falta de divisas para que el proceso de crecimiento se transforme en un estado de desarrollo” [1].


En términos estructurales, los dólares salen de los países por las importaciones y por el turismo de residentes afuera del país. Pero a ello debemos sumarle las características propias de Argentina, donde los dólares también se pierden por la falta de confianza de la gente y los mercados, por corridas cambiarias y por el pago de altos niveles de deuda soberana externa.


Hasta ahora, y a pesar de los diversos enfoques gubernamentales -algunos más intervencionistas, otros más cercanos a la idea del libre mercado- los sucesivos gobiernos no pudieron o no supieron resolver esa carencia que limita el desarrollo. Aunque todos coincidieron en un punto común, que mantenemos en este artículo: las exportaciones sostenidas son la principal fuente de ingreso genuino de dólares, y, por lo tanto, parte de la solución.


En este punto conviene preguntarse cómo se compone el ingreso de dólares por exportaciones en Argentina en la actualidad, tal como se observa en el gráfico a continuación [2].


El gráfico 1 nos muestra una parte del problema: nuestras exportaciones no están diversificadas. Por el contrario, en este gráfico nos encontramos con la estrella exportadora del Siglo XXI en Argentina: el complejo agro exportador, que incluye commodities como soja, trigo, maíz y sus productos industriales derivados.


¿Esto alcanza?


Si bien el complejo agroexportador generó un alto ingreso de dólares, principalmente en las primeras dos décadas de este siglo (y lo seguirá haciendo), lo cierto es que este tipo de exportación presenta algunos problemas que debemos tener en cuenta:

  1. Su precio es altamente elástico, ya que es de los más volátiles frente a cambios en el mundo. Esto genera que el ingreso de dólares pierda regularidad por momentos y produzca inestabilidad.

  2. A pesar de generar un alto ingreso de dólares, estos años mostraron que el agro no es suficiente y que genera una alta dependencia a un solo sector de la economía.

  3. Es una actividad que, como funciona al día de hoy, genera daños importantes sobre el medio ambiente, que cada vez son más visibles y forman parte de la agenda global y de la opinión pública nacional.

Lo dicho hasta acá no significa que todo esté perdido ni que debamos borrar la actual estructura exportadora, sino más bien nos dice que debemos adaptarla hacia una vía sustentable. Al mismo tiempo, es el momento de pensar en una palabra clave: diversificación; de socios comerciales (a quiénes le vendemos) y de la oferta exportable argentina (qué vendemos). Hoy ninguna de esas dos variables está diversificada en el país, tal como se observa en la siguiente figura.



El hecho de que las exportaciones argentinas no estén diversificadas ni en productos ni en socios es un problema, ya que genera una alta dependencia, tanto del devenir del escenario internacional (a partir de la evolución de la demanda internacional y del precio, que en este tipo de productos es más volátil) como del estado en el que se encuentre el vínculo con estos actores.


¿Qué otros sectores?


No hay un tipo de exportación que por sí sola de respuesta a la restricción externa. Por lo tanto, Argentina deberá apuntar a una estrategia diversificada que combine exportaciones primarias, manufactureras y de servicios. En efecto, la clave parece estar en identificar los sectores que –en conjunto- pueden generar el ingreso de dólares necesarios para equilibrar la balanza de pagos y dar los dólares necesarios a la economía argentina. Un eje clave en esta búsqueda, sin dudas, tiene que ver con encontrar dólares que se ajusten a las necesidades sustentables que nos exige la agenda global actual, marcada por los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).


Antes tenemos otros desafíos


Ahora bien, para dar un salto cualitativo se necesitan inversiones. Si no hay confianza ni reglas de juego claras, no hay inversiones. Por lo tanto, además de definir qué vamos a exportar y a quiénes, también necesitamos definir reglas de juego claras que den previsibilidad a potenciales inversores. Y esto no es tarea menor, porque el país atraviesa en los últimos años un fuerte problema de confianza (nacional e internacional), que tiene origen en la inestabilidad política y económica que caracteriza a nuestro país. Y así todo es más difícil.


Por lo tanto, para empezar a pensar en una solución al problema de los dólares necesitamos una visión integral, que contemple el entramado productivo, la micro y macro economía, el mercado de capitales, y un necesario consenso político y social que garantice continuidad en el tiempo.


Definir para orientar, consolidar para confiar y exportar para crecer.

[1] Barberis, J. (2014). La Restricción Externa en la Argentina, ¿tropezar con la misma piedra? Entrelíneas de la Política Económica, 4-25.


[2] Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. (2020). Informes técnicos. Obtenido de https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/complejos_09_2019EFF155A1.pdf

Franco Lagorio es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Actualmente se desempeña como analista internacional para el sector privado en América Latina y como asesor político para el sector público en Argentina.